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nydus/The Tale of GenjiPublic
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Capítulo VII El Festival de las Hojas Rojas

hermoso en todos los aspectos. Pronto tendremos a un dios bajando del cielo para venir a llevárselo».98 Sus jóvenes damas de compañía notaron el tono rencoroso con el que se había hecho el comentario y se sintieron algo desconcertadas. En cuanto a Fujitsubo, no dejaba de repetir se que, de no ser por el secreto culpable que ambos compartían, la danza que estaba presenciando la habría llenado de asombro y deleite. Tal como estaban las cosas, permanecía sentada como en un sueño, apenas consciente de lo que ocurría a su alrededor.

Ahora estaba de nuevo en su propio cuarto. El Emperador estaba con ella.

—En el ensayo de hoy —dijo—, «Las olas del mar azul» salió a la perfección.

Luego, al notar que ella no respondía: —¿Qué te pareció?

—Sí, estuvo muy bien —logró decir al fin.

—El compañero tampoco me pareció malo —continuó—; siempre hay algo en la forma en que un caballero se mueve y usa las manos que distingue su baile del de los profesionales. Algunos de nuestros mejores maestros de baile han hecho ciertamente artistas muy hábiles con sus propios hijos; pero nunca tienen la misma frescura, el mismo encanto que los jóvenes de nuestra clase. Se esforzaron tanto en el ensayo que me temo que la fiesta en sí misma pueda parecer algo muy pobre. Sin duda se tomaron tantas molestias porque sabían que tú estabas en el ensayo y no verías la verdadera función.

A la mañana siguiente recibió una carta de Genji: > «¿Qué tal el ensayo? ¡Qué poco sabían los espectadores de la tormenta que entretanto hervía en mi

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