Codal
nydus/The Tale of GenjiPublic
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CAPÍTULO IX

dijo: > «Hay muchas otras cosas de las que un día debo hablar contigo. Pero pareces muy cansada y tal vez sea mejor que te deje». Diciendo esto, le arregló las almohadas, le trajo agua tibia para lavarse y, de hecho, hizo las veces de enfermero con tanta destreza que los que la rodeaban se preguntaban dónde habría adquirido ese arte. Todavía incomparablemente hermosa, pero débil y apática, mientras yacía inmóvil en el lecho, parecía por momentos desvanecerse de la existencia. Él la contemplaba con tierno desvelo. Su cabello, con cada bucle aún en su sitio, se extendía sobre la almohada. Jamás hasta entonces su maravillosa belleza le había impresionado de forma tan extraña. ¿Era concebible que año tras año hubiera permitido que semejante mujer continuara distanciada de él? Siguió de pie, contemplándola. «Tengo que marchar a Palacio —dijo al fin—; pero no tardaré mucho. Ahora que estás mejor, debes intentar que tu madre se preocupe menos por ti cuando venga dentro de un rato; porque, aunque se esfuerza mucho por no demostrarlo, todavía está terriblemente angustiada por ti. Debes empezar ahora a hacer un esfuerzo y sentarte un ratito cada día. Pienso que es en parte porque te mima tanto que estás tardando tanto en sanar». Al salir de la habitación, ataviado con toda la magnificencia de su traje cortesano, ella lo siguió con la mirada más fija que nunca en su vida. Se requería la asistencia de los funcionarios que participaban en la sesión de otoño, y el padre de Aoi acompañó a Genji a Palacio, al igual que su hermano, quien necesitaba la ayuda del ministro para hacer los preparativos de cara al próximo año político. Muchos de sus sirvientes también fueron y el Gran Salón adquirió un aspecto desértico y melancólico. De repente, Aoi sufrió el mismo ataque de ahogo que antes y pronto se encontró en un estado desesperado. Esta noticia le fue llevada a

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