Pero cuando tomamos medidas para comprobar sus declaraciones, invariablemente nos llevamos una desilusión».
Se detuvo, pareciendo estar un poco avergonzado del tono cínico que había adoptado, y añadió: «Sé que mi experiencia no es amplia, pero esa es la conclusión a la que he llegado hasta ahora».
Luego Genji, sonriendo: «¿Y hay alguna que carezca de hasta un solo talento?».
«Sin duda, pero en tal caso es poco probable que alguien caiga en el anzuelo con éxito. El número de aquellas que no tienen nada que las recomiende y el de aquellas en las que no se puede encontrar más que bondad es probablemente igual. Divido a las mujeres en tres clases. A las de alto rango y cuna se les hace tanto alboroto y sus puntos débiles están tan completamente ocultos que con toda seguridad nos dirán que son paragones. Sobre las de clase media a todo el mundo se le permite expresar su propia opinión, y tendremos muchos testimonios contradictorios que sopesar. En cuanto a las clases bajas, no nos conciernen».
La desenvoltura con la que Tō no Chūjō zanjó la cuestión divirtió a Genji, quien dijo: «No siempre será tan fácil saber en cuál de las tres clases debe ubicarse a una mujer. Pues a veces las personas de alto rango caen en las posiciones más abyectas; mientras que otras de origen humilde ascienden hasta convertirse en altos oficiales, ponen caras de importancia, redecoran el interior de sus casas y se creen tan buenos como cualquiera. ¿Cómo hemos de tratar tales casos?».
En este momento se unieron a ellos Hidari no Uma no Kami y Tō Shikibu no Jō, quienes dijeron que también habían venido al Palacio para guardar el ayuno. Como ambos eran grandes amantes y muy buenos conversadores, Tō no Chūjō les dejó a ellos la decisión sobre la pregunta de Genji, y en la discusión que siguió se dijeron muchas cosas poco halagüeñas.