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nydus/The Tale of GenjiPublic
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CAPÍTULO IX

Unas semanas más tarde, en una lúgubre y lluviosa tarde, Chūjō entró a zancadas en la habitación con un aire algo cohibido debido a la capa y los calzones de invierno de color gris claro que llevaba puestos por primera vez ese día.140 Genji estaba recostado contra la barandilla del balcón sobre la puerta principal del oeste. Durante un buen rato había estado contemplando los jardines escarchados que rodeaban la casa. Soplaba un viento fuerte y veloces chubascos azotaban los árboles. A punto de soltar una lágrima, murmuró para sí el verso: «¡Dime si su alma está en la lluvia o si en las nubes de arriba!».141 Y mientras Chūjō lo observaba sentado allí, con la barbilla apoyada en la mano, pensó que el alma de aquella que había estado casada con un joven tan encantador en verdad no habría podido renunciar del todo al escenario de su vida terrenal y sin duda debía de estar rondando muy cerca de él. Aún con la mirada fija en él y lleno de viva admiración, Chūjō se acercó al lado de Genji. Notó entonces que, aunque su amigo no había alterado de ninguna otra manera la sencillez de su atuendo, hoy se había puesto un fajín de colores. Este destello de rojo intenso destacaba contra su capa gris (que aunque seguía siendo de verano142 era de un tono más oscuro que la que había llevado últimamente) de un modo tan atractivo que, a pesar de que el efecto era muy distinto al de las magníficas vestimentas de las que Genji hacía gala en días más felices, Chūjō no pudo apartar los ojos de él durante un buen rato. Al fin, él también alzó la vista hacia el cielo tormentoso y, recordando el verso chino que le había oído repetir a Genji, recitó el poema:

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