Pues a menudo la visión de nuestra propia paciencia dará a nuestro prójimo la fuerza para dominar sus afectos rebeldes.
—Pero aquella cuya tolerancia y perdón no conocen límites, aunque esto parezca provenir de la belleza y amabilidad de su carácter, en realidad está demostrando la superficialidad de su sentimiento:
«La barca sin amarras ha de dejarse llevar por la corriente».
¿No es de esta opinión?
Tō no Chūjō asintió. «Algunos —dijo— han imaginado que, despertando una sospecha infundada en la mente de la persona amada, podemos revivir un afecto en decadencia. Pero este experimento es muy peligroso. Quienes lo recomiendan confían en que, mientras el resentimiento sea infundado, uno solo tiene que sufrirlo en silencio y todo irá bien pronto. Sin embargo, he observado que este no es ni mucho menos el caso».
«Pero, bien mirado, no puede haber mayor virtud en una mujer que esta: la de afrontar con mansedumbre y paciencia cualquier agravio, del tipo que sea, que le toque en suerte».
Al decir esto, pensaba en su propia hermana, la princesa Aoi; pero se sintió decepcionado y mortificado al descubrir que Genji, cuyas observaciones aguardaba, estaba profundamente dormido.
Uma no Kami era un experto en tales debates y ahora se hallaba allí acicalándose las plumas. Tō no Chūjō estaba dispuesto a escuchar lo que tuviera que decir y se esmeraba ahora en complacerlo y animarlo.
«Las mujeres —dijo Uma no Kami— son como las obras de los artesanos. El tallador de madera puede moldear lo que le plazca. Sin