flauta de los pliegues de su vestido y tocó unos cuantos trinos. Sachū Ben, golpeando ociosamente con su abanico, comenzó a cantar «El templo de Toyora». Los jóvenes señores que habían venido a buscarlo eran todos personajes de gran distinción; pero tan llamativo era el aspecto de Genji mientras estaba sentado, apoyado desoladamente contra la roca, que ninguna mirada corría el riesgo de dirigirse hacia otro lado. Uno de sus acompañantes interpretó entonces una pieza con la flauta de caña; resultó que otro era un hábil intérprete de shō67. Al poco rato, el viejo sacerdote salió de su casa llevando una cítara y, poniéndola en las manos de Genji, le suplicó que tocara algo, «para que se regocijen las aves de la montaña». Él protestó diciendo que no se sentía en absoluto con ánimos para tocar; pero, cediendo a la persuasión del sacerdote, ofreció una actuación que en realidad no carecía en absoluto de mérito.
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Capítulo V Murasaki
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