me hubiera gustado. Pero si resultara que, aun con las pocas palabras que me atreví a decir, fui capaz de convencerte de que esto no es un mero capricho ni una fantasía vulgar, cuán feliz me haría semejante noticia». En un trozo de papel doblado pequeño y metido en la carta escribió el poema: > «Aunque con todo mi corazón traté de dejarla atrás, ni por un momento me ha abandonado: ¡la bella faz de esa flor de
Aunque hacía ya tiempo que había pasado el cenit de sus años, la monja no pudo menos que sentirse complacida y halagada por la elegancia de la esquela; pues no solo estaba escrita con una letra exquisita, sino que venía doblada con una destreza displicente que ella admiraba enormemente.
Sentía mucha lástima por él y se habría alegrado, de habérselo permitido su conciencia, de haberle enviado una respuesta más favorable.