Entró corriendo en la habitación vestida con un vestido blanco bastante gastado y forrado con una tela de un color azafrán intenso. Jamás había visto a una niña así. ¡En qué criatura tan asombrosa se convertiría! Su cabello, espeso y ondulado, se desplegaba en abanico alrededor de su cabeza. Estaba muy son Srojada y sus labios temblaban. > «¿Qué ocurre? ¿Te has peleado con alguna de las otras niñitas?». La monja levantó la cabeza al hablar y a Genji le pareció que había cierto parecido entre ella y la niña. Sin duda era su
—Inu ha dejado salir a mi gorrión, el pequeñito que tenía en el cesto de la ropa —dijo, con cara de mucha tristeza.
—¡Qué muchacho tan pesado es ese Inu! —dijo una de las dos doncellas—. Se merece un buen rapapolvo por jugárnosla con una travesura tan tonta. ¿Dónde se habrá metido? ¡Y eso que nos había costado tanto trabajo domesticarlo bien! Solo espero que los cuervos no lo hayan encontrado —y dicho esto, salió de la habitación.
Era una mujer de aspecto agradable, con el pelo muy largo y ondulado. Las demás la llamaban nodriza Shōnagon, y parecía estar a cargo de la niña.
—Ven —dijo la monja a la pequeña—, no debes ser tan nena. Estás pensando todo el tiempo en cosas que no importan en absoluto. ¡Imagina! Incluso ahora, cuando estoy tan enferma que cualquier día pueden arrancarme de tu lado, no te preocupas por mí, sino que te afliges por un gorrión. Es muy poco amable, sobre todo porque te he dicho no sé cuántas veces que está mal encierrar a los seres vivos en jaulas. ¡Ven aquí! —y la niña se sentó a su lado.