Mientras le preparaban el carruaje, llegó desde el Gran Salón un numeroso grupo de jóvenes nobles que decían haber tenido grandes apuros para averiguar qué había sido de él y que ahora deseaban escoltarlo.
Entre ellos se encontraban Tō no Chūjō, Sachū Ben y otros señores de menor rango, que habían acudido por el afecto que le profesaban al Príncipe.
—No hay nada que nos guste más que atenderles —dijeron, con cierto tono de agravio—, no ha sido amable por su parte dejarnos atrás.
—Pero ya que hemos llegado hasta aquí —dijo otro—, sería una pena marcharse sin descansar un rato bajo la sombra de estos árboles en flor; —tras lo cual se sentaron todos en fila sobre el musgo bajo una roca alta y se pasaron de mano en mano una tosca vasija de barro con vino.
Cerca de ellos, el arroyo saltaba sobre las rocas en una magnífica cascada. Tō no Chūjō sacó una