príncipe Genji buscara distracciones aquí y allá, lo cual sería muy desagradable para la pequeña princesa tan pronto tuviera la edad de comprenderlo. Sin embargo, dado el gran afecto que él mostraba por la compañía de la niña, Shōnagon no perdía del todo la esperanza.
Habiendo pasado ya tres meses desde que su abuela muriera, Murasaki salió del luto al final del Mes Sin Dios. Pero se consideró apropiado, dado que iba a ser criada como huérfana, que aún debiera evitar las telas estampadas, y vestía una pequeña túnica de color liso rojo, marrón o amarillo, en la cual, no obstante, se veía muy elegante y alegre.
Él vino a echarle un vistazo antes de marchar a la recepción de Año Nuevo en la Corte. > «Desde hoy en adelante eres una señorita hecha y derecha», dijo, y mientras se quedaba de pie sonriéndole, lucía tan encantador y amigable que ella no podía soportar que se fuera, y esperando que él se quedara a jugar con ella un ratito más, sacó sus juguetes. Había una cocina de juguete de apenas un metro de altura, pero equipada con todos los utensilios adecuados, y toda una colección de casitas que Genji le había hecho. Ahora las tenía todas extendidas por el suelo, de modo que era difícil moverse sin tropezar con ellas. * «El pequeño Inu las rompió ayer —explicó— cuando fingía ahuyentar a los demonios del Año Viejo, y las estoy arreglando». Evidentemente, estaba muy apurada. «Qué niño tan pesado —dijo Genji—. Haré que te las arreglen. Vaya, no debes llorar en el día de Año Nuevo»,