¿Cómo voy a hacerlo?», respondió ella. «No seas infantil», dijo Genji riendo, y dio una palmada.54 El sonido resonó desoladoramente por la casa
No konnte hacer que nadie le oyera; y entretanto advirtió que su señora temblaba de pies a cabeza. ¿Qué debía hacer? Todavía estaba indeciso, cuando de pronto ella rompió en un sudor frío. Parecía estar perdiendo el conocimiento.
«No tema, señor —dijo Ukon—, toda su vida ha padecido estos ataques de pesadillas.»
Recordó ahora cuán cansada había parecido por la mañana y cómo se había tendido con los ojos hacia arriba como si sintiera dolor.
- «Iré yo mismo a despertar a alguien —dijo—; estoy harto de aplaudir sin que me respondan más que ecos. ¡No la deje!»
y, acercando a Ukon hacia la cama, se encaminó en dirección a la puerta principal del oeste.