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nydus/The Tale of GenjiPublic
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Capítulo IV Yūgao

Cuando buscaba en secreto por sus almacenes algo de liberalidad que dar a los sacerdotes de Hokedō, dio con cierto vestido y al doblarlo compuso el poema:

«El ceñidor que hoy con lágrimas ato, ¿lo desataremos jamás en alguna nueva vida?»

Hasta ahora su espíritu había deambulado por el vacío.63

Pero ya debía de estar emprendiendo su nuevo camino vital, y con gran zozobra, él rezaba continuamente por su seguridad.

Se encontró con Tō no Chūjō y su corazón dio un vuelco violento, pues había estado deseando hablarle del hijo de Yūgao y de cómo debía ser criado. Pero temía que el resto de la historia lo enfadara y afligiera innecesariamente, por lo que no mencionó el asunto.

Entre tanto, los criados de la casa de Yūgao estaban sorprendidos de no haber tenido noticias de ella ni siquiera de Ukon, y habían comenzado a inquietarse seriamente. Todavía no tenían pruebas de que fuera Genji su amante, pero varios de ellos creían haberlo reconocido y su nombre se cuchicheaba entre ellos. Sostenían que Koremitsu conocía el secreto, pero este fingía no saber absolutamente nada sobre el amante de Yūgao y encontraba la manera de eludir todas las preguntas; y como seguía frecuentando la casa por sus propios motivos, les resultaba fácil creer que él no estaba realmente relacionado con los asuntos de su ama.

Quizás, después de todo, era algún canalla de hijo de Zuryō quien, temeroso de la interferencia de Tō no Chūjō, se la había llevado a su provincia. La verdadera dueña de la casa era una hija de la segunda nodriza de Yūgao, que tenía tres hijos propios. Ukon se había criado con ellos, pero pensaban que tal vez por no ser su propia hermana Ukon no les enviaba noticias de su señora, y estaban muy angustiados.

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