Genji was very much distressed at the thought of what the other lady’s feelings must be; but after some reflection he decided that it would be better not to send any message.
El pañuelo, al que aún se aferraba el delicado perfume de su dueña, lo llevó puesto durante mucho tiempo después bajo la ropa.
Cuando el muchacho llegó a casa encontró a su hermana esperándolo de muy mal humor.
«¡No fue por obra tuya que logré escapar del odioso apuro en el que me metiste! Y aun así, te ruego que me digas, ¿qué explicación puedo darle a mi amigo?».
«Un lindo payasito debe creer el Príncipe que eres ahora. Espero que te avergüences de ti mismo».
A pesar de que ambas partes lo trataban tan mal, el muchacho sacó los versos rescatados de entre los pliegues de su ropa y se los entregó. Ella no pudo reprimir el deseo de leerlos. ¿Y qué había de aquel manto desechado? ¿Por qué habría de hablar él de aquello? El abrigo que los pescadores de Iseo dejaron olvidado en la orilla...40 aquellas fueron las palabras que acudieron a su mente, pero no eran la clave. Estaba sumamente desconcertada.
Entre tanto, la Dama de Occidente41 se sentía muy incómoda. Deseaba ardientemente hablar de lo sucedido, pero no debía hacerlo y tenía que soportar sola el peso de su impaciencia. La llegada del hermano de Utsusemi la sumió en un gran estado de agitación. ¿Ninguna carta para ella? No lograba comprenderlo en absoluto y, por primera vez, una nube se posó sobre su alegre y confiado corazón.
Utsusemi, aunque se había armado de tanta fiereza contra su amor, al ver tanta ternura oculta bajo las palabras de su mensaje, volvió a suspirar por