ser un zorro disfrazado.49 ¡He aquí la oportunidad de averiguar cuál de los dos es!». Habló con mucha amabilidad y, de repente, en un tono de absoluta sumisión, ella accedió a hacer lo que él creyera más conveniente. Él no pudo menos que conmoverse ante su disposición a seguirlo en lo que debía de parecerle la más peligrosa y extraña de las aventuras. De nuevo pensó en la historia de Tō no Chūjō de aquella noche lluviosa, y no pudo dudar de que esta debía de ser en verdad la esquiva dama de Chūjō. Pero vio que ella tenía alguna razón para desear evitar cualquier pregunta sobre su pasado, y refrenó su curiosidad. Hasta donde él alcanzaba a ver, ella no mostraba señales de huir, ni creía que fuera a hacerlo mientras él le fuera fiel. Tō no Chūjō, después de todo, la había dejado a su propia suerte durante meses enteros. Pero sentía que, si por un instante ella sospechaba que él se inclinaba lo más mínimo hacia cualquier otra dirección, las cosas irían mal.
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Capítulo IV Yūgao
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