le había pedido que dijera y añadió una gran cantidad de información general sobre su señor. Como era un hombre de muchas palabras, habló sin parar, introduciendo continuamente algún nuevo tema que de repente se le había ocurrido como relevante. Pero al final de todo, Shōnagon estaba tan desconcertada como los demás a la hora de explicarse el interés de Genji por una niña tan ridículamente joven. Su carta era muy deferente. En ella decía que ansiaba ver una muestra de su escritura infantil hecha letra por letra, tal como la monja le había descrito. Como antes, incluyó un poema: > «¿Fueron las sombras del pozo en la montaña las que le dijeron que mi propósito no era más que una broma?»69 A lo cual ella respondió: «Algunas tal vez de las que se han asombrado en ese pozo ahora se arrepienten amargamente. ¿Pueden las sombras decirme si volverá a ser así?», y Koremitsu trajo un mensaje hablado en el mismo sentido, junto con la seguridad de que, tan pronto como la salud de la monja mejorara, esta tenía la intención de visitar la capital y entonces volvería a comunicarse con él. La perspectiva de su visita era muy
Por entonces, la dama Fujitsubo cayó enferma y se retiró temporalmente de Palacio. Ver la congoja y la preocupación del Emperador conmovió la compasión de Genji. Sin embargo, no pudo evitar pensar que era una oportunidad que no debía desaprovechar.
Pasó todo aquel día en un estado de gran agitación, incapaz de pensar en otra cosa o de atender a nadie, ya fuera en su propia casa o en Palacio. Cuando por fin el día llegó a su fin, logró persuadir a la doncella Ōmyōbu para que entregara un mensaje.
La muchacha, aunque consideraba de lo más imprudente cualquier comunicación entre ambos, al ver en su rostro una extraña expresión, como la de alguien que camina en sueños, se apiadó de él y fue. La Princesa contemplaba su relación anterior como algo perverso y horrible, y el recuerdo de esta era un tormento continuo para ella. Había decidido firmemente que algo así jamás debía volver a suceder.