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nydus/The Tale of GenjiPublic
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CAPÍTULO IX

su ama y, por consideración hacia la desconocida que compartía el carruaje de Genji, persuadieron a la locuaz dama para que se refrenara.

Los sufrimientos de la dama Rokujō eran ahora mucho peores que en años anteriores.

Aunque ya no soportaba ser tratada como Genji la trataba, la idea de separarse de él por completo e irse tan lejos la alteraba tanto que posponía constantemente su viaje. Sentía también que se convertiría en el hazmerreír si se pensaba que el desdén de Genji la había incitado a huir; sin embargo, si a último momento cambiaba sus planes y se quedaba, todos la considerarían una persona sumamente inestable e inescrutable.

Así, pasaba sus días y sus noches en una agonía de indecisión y a menudo se repetía los versos: «Mi corazón, como la boya de los pescadores en la costa de Ise, es bamboleado de una ola a otra».128

Sentía que en verdad era zarandeada de aquí para allá por unos paroxismos que la enfermaban, pero que escapaban por completo a su control.

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