esta ya no volverá a ser tu legítima residencia, y esto las aflige tanto como la pérdida de su amada señora. Durante años abrigaron la vana esperanza de que tú y ella terminarais por reconciliación. Considera, pues, cuán amargo debe de ser para ellas el día de esta, tu partida definitiva». «Que cobren ánimo», dijo Genji; «pues mientras mi señora vivía, yo a menudo, a propósito, me ausentaba de ella con la vana esperanza de que a mi regreso la hallaría menos arisca conmigo, pero ahora que ha muerto ya no tengo motivo alguno para rehuir esta casa, como pronto habréis
Cuando vio alejarse el carruaje de Genji, el padre de Aoi fue a la habitación de ella. Todas sus pertenencias estaban tal como las había dejado. Sobre una mesita frente a la cama, los recados de escribir yacían esparcidos. Había unos papeles cubiertos con la caligrafía de Genji, y el anciano los apretó contra su pecho con un arrebato que hizo sonreír a algunas de las damas que lo