How exciting it must be to have such a girl for one’s daughter! Small wonder if Iyo no Kami was proud of her. If she was a little less restless, he thought, she would be quite perfect.
El juego estaba casi acabado, ella iba retirando las piezas innecesarias.
Parecía muy exaltada y armaba un revuelo bastante innecesario con la tarea. «Espera un poco», dijo su acompañante con mucha calma, «aquí hay tablas. Mi única jugada es contraatacar por allá...». «Todo ha terminado», dijo la otra con impaciencia, «estoy vencida, contemos los tantos»; y empezó a contar con los dedos: «diez, veinte, treinta, cuarenta».
Genji no pudo evitar acordarse de la vieja canción sobre el lavadero de Iyo («ocho tinas a la izquierda, nueve tinas a la derecha») y, mientras aquella señora de Iyo, empeñada en que nada quedara sin resolver, seguía contando impasible sus pérdidas y ganancias, por un momento la encontró un tanto vulgar.
Era extraño contrastarla con Utsusemi,39 que estaba sentada en silencio, con el rostro medio cubierto, de modo que apenas alcanzaba a distinguir sus facciones. Pero cuando la miró fijamente, ella, como si se sintiera incómoda ante aquella mirada de la que no era del todo consciente, se movió en su asiento y le mostró el perfil completo.
Sus párpados daban la impresión de estar un poco hinchados y había en algunos puntos cierta falta de delicadeza en las líneas de sus facciones, mientras que sus atractivos no se dejaban ver. Pero cuando empezó a hablar, fue como si estuviera decidida a enmendar las deficiencias de su apariencia y a demostrar que tenía, si no tanta belleza, al menos más sensatez que su compañera.
La segunda alardeaba ahora de sus encantos con un abandono cada vez más descuidado. Sus risas continuas y su buen humor resultaban desde