Por fin se cansó de seguir despierto; no había nada más que hacer. Un momento después volvió a cambiar de idea y le susurró de pronto al muchacho: «¡Llévame a donde está escondida!».
«Es demasiado difícil —dijo él—, está con llave y hay muchísima gente allí. Me da miedo ir contigo».
«Que así sea —dijo Genji—, pero tú al menos no debes abandonarme», y tendió al muchacho junto a él en la cama. Él estaba muy satisfecho de verse tumbado al lado de este apuesto joven príncipe, y Genji, debemos consignarlo, no encontró al muchacho mal sustituto de su descortés hermana.