reconciliado con ella. En adelante podría llevar una vida de irreprochable rectitud y si de vez en cuando venía a disculparse como había venido hoy, ¿de qué serviría, sino para mantener siempre vivo el tormento de sus deseos? Así, cuando su carta llegó al día siguiente, la encontró más desolada que antes: «La enferma que desde hacía unos días mostraba cierta mejoría vuelve a sufrir agudamente y por el momento me es imposible abandonarla». Convencida de que esto era una mera excusa, envió como respuesta el poema: «Mías son la culpa y la pena si, descuidada como la aldeana que se agacha demasiado entre los brotes de arroz, manché mi manga en el oscuro camino del amor». Al final de su carta le recordó la vieja canción: «Ahora me arrepiento amargamente de haber llevado mi cántaro al pozo de la montaña, cuyas aguas apenas eran hondas para manchar mi manga». Él contempló la delicada caligrafía. ¿Quién había, ni siquiera entre las mujeres de su alto linaje y crianza, que pudiera rivalizar con la inefable gracia y elegancia con que estaba escrita esta pequeña nota? Pensar que alguien cuyo espíritu y persona le atraían tan fuertemente debía perderse para siempre por obra suya era amargo. Aunque ya casi oscurecía, se sentó y le escribió: «No digáis que las aguas solo han mojado vuestra manga. ¡Pues la poca profundidad está solo en vuestra comparación, no en mis afectos!». Y a esto añadió el poema: «Sois vos, solo vos quien os habéis detenido en los charcos poco profundos, mientras yo, hasta empapar todos mis miembros, he luchado por la espesura de la senda oscura del amor». Y terminó con las palabras: «Si un solo rayo de consuelo hubiera iluminado los problemas de esta casa, yo mismo habría sido el portador de esta nota».
Entre tanto, la posesión de Aoi había regresado con toda su fuerza; se encontraba en un estado de tormento lamentable. Llegó a oídos de la dama Rokujō que algunos atribuían la enfermedad a la acción de su «espíritu vivo». Otros, según le contaron, creían que el fantasma de su padre estaba vengando la traición cometida contra su hija. Ella reflexionaba constantemente sobre la naturaleza de sus propios