Al oír el informe de Koremitsu, el corazón de Genji se llenó de compasión por la situación de la niña y le habría gustado ir a verla en el acto. Pero temía que la gente ignorante malinterpretara estas frecuentes visitas y, creyendo que la muchacha era mayor de lo que era, esparcieran habladurías insensatas. Habría sido mucho más sencillo llevarla a su palacio y tenerla allí.
Durante todo el día envió numerosas cartas y, al anochecer, Koremitsu volvió a la casa diciendo que un asunto urgente le había impedido una vez más a Genji ir a visitarlas, por cuya negligencia presentaba sus disculpas.
Shōnagon respondió cortante que el padre de la niña había decidido de repente ir a buscarla al día siguiente y que estaban demasiado ocupadas para recibir visitas:
«Los criados están todos alterados por tener que dejar esta ruinosa y vieja casa en la que han vivido tanto tiempo para ir a un lugar extraño y grandioso...»
Respondió a sus siguientes preguntas con tanta brevedad y parecía tan concentrada en su costura, que Koremitsu se marchó.
Genji se hallaba en el Gran Salón, pero como de costumbre no había podido arrancarle una sola palabra a Aoi y, de ánimo sombrío, punteaba su cítara cantando: «¿Por qué cruzaste campo y colina Tan deprisa en esta noche de lluvia?».74
Las palabras de la canción iban dirigidas a Aoi y las cantó con mucha emoción. En esta ocupación se hallaba cuando Koremitsu llegó al Gran