«Aunque en lluvia se haya tornado su alma, dime, ¿dónde en la nublada bóveda del cielo se halla ese único jirón de bruma que es ella?». Y Genji respondió: > «Como aquella a quien un día conocimos más allá del país de las nubes ha huido, dos meses de tormenta y oscuridad han marchitado ya la tierra invernal bajo
La profundidad de los sentimientos de Genji era evidente. A veces, Chūjō había pensado que era meramente el temor a las reprimendas del antiguo Emperador —unido a un sentido de obligación hacia el padre de Aoi, cuya bondad siempre había sido tan notable, y también hacia la Princesa, su madre, que lo había querido con una paciencia y un cariño inagotables— lo que le había dificultado romper una relación que, en realidad, se estaba volviendo muy pesada. A menudo, en verdad, la aparente indiferencia de Genji hacia Aoi le había resultado muy dolorosa. Ahora le era evidente que ella jamás había dejado de ocupar un lugar importante en su afecto, y esto le hacía deplorar con más amargura que nunca la tragedia de su temprana