A este resultado llega Helmholtz, Ueber ein Theorem geometrisch ûÊhnliche Bewegungen flû¥ssiger KûÑrper betreffend, nebst Anwendung auf das Problem Luftballons zu lenken, Monatsber. Akad. Berlin, 1873, pp. 501–14. Fue criticado y cuestionado (algo precipitadamente) por K. Mû¥llenhof, Die GrûÑsse der FlugflûÊchen, etc., Pflû¥ger’s Archiv, XXXV, p. 407, XXXVI, p. 548, 1885.
Véase también Chabrier, Vol des Insectes, Mûˋm. Mus. Hist. Nat. Paris, VI–VIII, 1820–22.
Aerial Flight, vol. II (Aerodonetics), 1908, p. 150.
Introduction to Entomology, 1826, II, p. 190. K. y S., como muchos autores menos eruditos, son aficionados a las ilustraciones populares de las «maravillas de la Naturaleza», en detrimento de los principios dinámicos. Sugieren, por ejemplo, que si la termita blanca fuera tan grande como un hombre, sus túneles serían «magníficos cilindros de más de trescientos pies de diámetro»; y que si cierto insecto brasileño ruidoso fuera tan grande como un hombre, su voz se oiría en todo el mundo: «¡de modo que Esténtor pasa a ser un mudo en comparación con estos insectos!». Es una consecuencia fácil del antropomorfismo, y por ende una característica común de los cuentos de hadas, descuidar el principio de la semejanza dinámica mientras se insiste en el aspecto de la geométrica.
Es decir, la energía disponible del músculo, en pies-libra por libra de músculo, es la misma para todos los animales: un postulado que requiere considerables matizaciones cuando comparamos tipos de músculo muy diferentes, como el del insecto y el del mamífero.
Prop. clxxvii. Animalia minora et minus ponderosa majores saltus efficiunt respectu sui corporis, si caetera fuerint paria.