Lucr. v, 877. «Lucrecio en ninguna parte parece reconocer la posibilidad de mejora o cambio de especies por "selección natural"; los animales permanecen tal como fueron desde el principio, excepto que las especies más débiles e inútiles han sido extinguidas. De ahí que se encuentre en marcado contraste con los evolucionistas modernos». Nota de Kelsey, ad loc.
Aun después de haber reducido de manera tan drástica el alcance y la esfera de la selección natural, sigue siendo difícil de comprender; pues las causas de la extinción son a menudo casi tan difíciles de entender como las del origen de las especies. Si afirmamos (como se ha hecho a la ligera) que Smilodon pereció debido a sus colmillos gigantescos, que Teleosaurus se vio perjudicado por su hocico exagerado, o Stegosaurus agobiado por su intolerable carga de armadura, se nos puede recordar otras formas emparentadas para demostrar que condiciones similares no condujeron necesariamente a la exterminación, o que se produjo una rápida extinción al margen de tales desventajas visibles o aparentes. Cf. Lucas, F. A., On Momentum in Variation, Amer. Nat. xli, p. 46, 1907.
Véase la obra de T. H. Morgan, Regeneration (316 págs.), de 1901, para una exposición completa y una bibliografía abundante. Los primeros experimentos sobre la regeneración, realizados por Vallisneri, Rûˋaumur, Bonnet, Trembley, Baster y otros, están resumidos por Haller en Elem. Physiologiae, VIII, p. 156 seq.
Journ. Experim. Zool. VII, p. 397, 1909.
Op. cit. p. 406, Exp. IV.