Sobre varias teorías del mecanismo de la mitosis, véanse (p. ej.) Wilson, The Cell in Development, etc., págs. 100–114; Meves, Zelltheilung, en Merkel u. Bonnet’s Ergebnisse der Anatomie, etc., VII, VIII, 1897–8; Ida H. Hyde, Amer. Journ. of Physiol. XII, págs. 241–275, 1905; y especialmente Prenant, A., Theories et interprûˋtations physiques de la mitose, J. de l’Anat. et Physiol. XLVI, págs. 511–578, 1910.
Hartog, M., Une force nouvelle: le mitokinûˋtisme, C.R. 11 Juli, 1910; Mitokinetism in the Mitotic Spindle and in the Polyasters, Arch. f. Entw. Mech. XXVII, pp. 141–145, 1909; cf. ibid. XL, pp. 33–64, 1914. Cf. also Hartog’s papers in Proc. R. S. (B), LXXVI, 1905; Science Progress (n. s.), I, 1907; Riv. di Scienza, II, 1908; C. R. Assoc. fr. pour l’Avancem. des Sc. 1914, etc.
Las conôÙfiôÙgurôÙaôÙtions, tal como se obtenían mediante los métodos experimentales habituales, se conocían por supuesto mucho antes de la época de Faraday, y constituían las «curvas magnéticas convergentes y divergentes» de los matemáticos del siglo XVIII. Como dijo Leslie en 1821, eran «contempladas con asombro por cierta clase de filósofos soñadores, que no dudaban en considerarlas como las trazas reales de un fluido invisible, que circulaba perpetuamente entre los polos del imán». El gran avance de Faraday consistió en interpretarlas como indicios de tensión en un medio, —de tensión o atracción a lo largo de las líneas, y de repulsión transversal a las líneas, del diagrama.