Origin of Species, ch. VIII (6th ed., p. 221). Las celdas de varias abejas, abejorros y avispas sociales han sido descritas e investigadas maôÙtêôÙmáôÙtiôÙcaôÙmenôÙte por K. Mû¥llenhoff, Pflû¥ger’s Archiv XXXII, p. 589, 1883; pero sus numerosos y atractivos resultados son demasiado complejos para resumirlos. Para ver figuras de varios nidos y panales, véase (por ejemplo) a von Bû¥ttel-Reepen, Biol. Centralbl. XXXIII, págs. 4, 89, 129, 183, 1903.
Darwin tuvo una idea algo similar, aunque concedió más margen al instinto o la intención consciente de la abeja. Así, cuando advirtió que ciertas paredes de celdas medio terminadas eran cóncavas por un lado y convexas por el otro, pero que se volvían perfectamente planas al devolverlas por poco tiempo a la colmena, dice: «Era absolutamente imposible, debido a la extrema delgadez de la pequeña lámina, que hubieran logrado esto roidiendo el lado convexo; y sospecho que en tales casos las abejas se sitúan en lados opuestos y empujan y doblan la cera dúctil y templada (lo cual, como he comprobado, se hace fácilmente) hasta llevarla a su plano intermedio adecuado, aplanándola de este modo».
Desde que escribí lo anterior, veo que Mû¥llenhoff da la misma explicación, y declara que la pared de cera es en realidad una Flû¥ssigkeitshûÊutchen, o película líquida.
Bonnet criticó la explicación de Buffon sobre la base de que su descripción era incompleta, ya que Buffon no tuvo en cuenta las pirámides de Maraldi.
Buffon, Histoire Naturelle, IV, p. 99. Entre muchos otros artículos sobre la celda de la abeja, véase Barclay, Mem. Wernerian Soc. II, p. 259 (1812), 1818; Sharpe, Phil. Mag. IV, 1828, págs. 19–21; L. Lalanne, Ann. Sci. Nat. (2) Zool. XIII, págs. 358–374, 1840; Haughton, Ann. Mag. Nat. Hist. (3), XI, págs. 415–429, 1863; A. R. Wallace, ibid. XII, p. 303, 1863; Jeffries Wyman. Pr. Amer. Acad. of Arts and Sc. VII, págs. 68–83, 1868; Chauncey Wright, ibid. IV, p. 432, 1860.