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Véase Vitruvio, III, 1.

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Les quatres livres d’Albert Dû¥rer de la proportion des parties et pourtraicts des corps humains, Arnheim, 1613, folio (y ediciones anteriores). Cf. también Lavater, Essays on Physiognomy, III, p. 271, 1799.

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Fueron precisamente estos dibujos de Durero los que sugirieron a Peter Camper su concepto del «ángulo facial». El método de comparación de Camper era exactamente el mismo que el nuestro, salvo que él solo trazaba los ejes, sin rellenar la red, de su sistema de coordenadas; vio claramente el hecho fundamental de que el cráneo varía como un todo, y de que el «ángulo facial» es el índice de una deformación general. «El gran objetivo era demostrar que las diferencias naturales podían reducirse a reglas, de las cuales la dirección de la línea facial constituye la norma o canon; y que estas direcciones e inclinaciones van siempre acompañadas de una forma, tamaño y posición correspondientes de las demás partes del cráneo», etc.; del prefacio del Dr. T. Cogan a la obra de Camper On the Connexion between the Science of Anatomy and the Arts of Drawing, Painting and Sculpture (¿1768?), citado en la Memoir of Camper del Dr. R. Hamilton, en Lives of Eminent Naturalists (Nat. Libr.), Edimburgo, 1840.

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El sistema de coordenadas de la Fig. 382 es algo diferente del que dibujé y publiqué en mi trabajo anterior. No es improbable que una mayor inôÙvesôÙtiôÙgaôÙción simplifique aún más la comparación y muestre que implica un sistema todavía más simétrico.

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Dinosaurs of North America, lám. LXXXI, etc. 1896.

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Mem. Amer. Mus. of Nat. Hist. I, III, 1898.

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Estos y otros diagramas de coordenadas se encontrarán en el libro del Sr. G. Heilmann Fuglenes Afstamning, 398 págs., Copenhague, 1916; véanse especialmente las págs. 368–380.

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Véase W. B. Scott (Amer. Journ. of Science, XLVIII, págs. 335–374, 1894), «We find that any mammalian series at all complete, such as that of the horses, is remarkably continuous, and that the progress of discovery is steadily filling up what few gaps remain. So closely do successive stages follow upon one another that it is sometimes extremely difficult to arrange them all in order, and to distinguish clearly those members which belong in the main line of descent, and those which represent incipient branches. Some phylogenies actually suffer from an embarrassment of riches.»

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Cf. Dwight, T., The Range of Variation of the Human Scapula, Amer. Nat. XXI, pp. 627–638, 1887. Cf. also Turner, Challenger Rep. XLVII, on Human Skeletons, p. 86, 1886: “I gather both from my own measurements, and those of other observers, that the range of variation in the relative length and breadth of

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