F. Schwartz, en el Beitr. z. Biologie der Pflanzen de Cohn, vol. V, p. 1, 1887.
Fischer, Anat. Anzeiger, IX, p. 678, 1894, X, p. 769, 1895.
Véase, en particular, W. B. Hardy, On the structure of Cell Protoplasm, Journ. of Physiol. XXIV, pp. 158–207, 1889; también HûÑber, Physikalische Chemie der Zelle und der Gewebe, 1902. Cfr. (int. al.) Flemming, Zellsubstanz, Kern und Zelltheilung 1882, p. 51, etc.
Mi descripción y mis diagramas (Figs. 42–51) se basan en los del profesor E. B. Wilson.
Si se considera que la palabra permeabilidad sugiere de forma demasiado directa los fenómenos del magnetismo, podemos reemplazarla por el término más general de capacidad inductiva específica. Esto abarcaría el caso particular, que no es en absoluto improbable, de que nuestros fenómenos se deban a una «carga superficial» soportada por el propio núcleo y también por los cromosomas: siendo esta carga superficial, a su vez, el resultado de una diferencia en la capacidad inductiva entre el cuerpo o partícula y su medio circundante. (Véase la nota al pie, p. 187).
No hemos tenido en cuenta en los párrafos anteriores el hecho evidente de que el supuesto campo de fuerza simétrico se encuentra distorsionado por la presencia en él de cuerpos más o menos permeables; ni tampoco nos es necesario hacerlo, pues a ese campo distorsionado el argumento anterior sigue aplicándose, palabra por palabra.
M. Foster, Lectures on the History of Physiology, 1901, p. 62.
Op. cit. págs. 110 y 91.