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nydus/A Farewell to ArmsPublic
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XII

Con las enfermeras guapas. No con las enfermeras barbudas del hospital de campaña. —Sí, sí —dijo el mayor—, ya sé que se va al hospital americano. —A mí no me importa que tengan barba —dije yo—. Si a alguien le apetece dejarse barba, que se la deje. ¿Por qué no se deja barba usted, Signor Maggiore? —No cabría en una máscara de gas. —Sí que cabría. En una máscara de gas cabe cualquier cosa. Yo he vomitado dentro de una máscara de gas. —No hables tan alto, nene —dijo Rinaldi—. Ya sabemos todos que has estado en el frente. Ay, lindo nene, ¿qué voy a hacer mientras no estés?

—Tenemos que irnos —dijo el mayor—. Esto se pone sentimental.

Escucha, tengo una sorpresa para ti. Tu inglesa. ¿Sabes? ¿La inglesa a cuyo hospital vas todas las noches? También se va a Milán. Se va con otra para estar en el hospital americano. Todavía no les habían mandado enfermeras desde América. Hoy hablé con el jefe de su riparto. Tienen demasiadas mujeres aquí en el frente. Mandan a algunas de vuelta.

¿Qué te parece eso, nene?

Muy bien.

¿Sí? Te vas a vivir a una gran ciudad y tienes allí a tu inglesa para que te mime. ¿Por qué no me herirán a mí?

Quizá te hieran —dije.

—Debemos irnos —dijo el mayor—. Bebemos, hacemos ruido y molestamos a Federico. No se vayan. —Sí, debemos irnos. Adiós. Buena suerte. Muchas cosas. Chao. Chao. Chao. Vuelve pronto, nene. Rinaldi me besó—. Hueles a lisol.

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