Tendido en el suelo del vagón de plataforma con las armas a mi lado bajo la lona, estaba mojado, frío y con mucha hambre.
Por fin me volví y me quedé tendido boca abajo con la cabeza sobre los brazos. Tenía la rodilla rígida, pero se había portado muy bien. Valentini había hecho un trabajo excelente. Había hecho la mitad de la retirada a pie y cruzado nadando parte del Tagliamento con su rodilla. Era su rodilla, desde luego. La otra rodilla era mía.
Los médicos te hacían cosas y entonces aquello ya no era tu cuerpo. La cabeza era mía, y el interior del vientre. Tenía mucha hambre ahí dentro. Podía sentirlo retorcerse sobre sí mismo. La cabeza era mía, pero no para usarla, no para pensar con ella; solo para recordar y no recordar demasiado.
Podía acordarme de Catherine, pero sabía que me volvería loco si pensaba en ella cuando aún no estaba seguro de que iba a verla, así que no pensaría en ella, solo un poco en ella, solo en ella con el coche marchando lenta y traqueteantemente, y algo de luz a través de la lona y yo tumbado con Catherine en el suelo del coche.
Duro como el suelo del coche estar tumbado sin pensar, solo sintiendo, tras haber estado fuera demasiado tiempo, la ropa mojada y el suelo moviéndose solo un poco cada vez y solitario por dentro y a solas con la ropa mojada y el suelo duro por esposa.
No amabas el piso de una plataforma de vagón ni las armas con fundas de lona y el olor a metal engrasado con vaselina ni una lona por la que se filtraba la lluvia, aunque es muy agradable bajo la lona y resulta grato estar con las armas; pero amabas a otra persona de quien ahora