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nydus/A Farewell to ArmsPublic
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IX

Tenía las piernas hacia mí y vi en la oscuridad y la luz que las dos estaban destrozadas por encima de la rodilla. Le faltaba una pierna y la otra se sostenía por los tendones y un trozo del pantalón, y el muñón se contraía y se sacudía como si no estuviera conectado. Se mordía el brazo y gemía: «Oh Mamma Mia, Mamma Mia», y luego: «Dio te salve, Maria. Dio te salve, Maria. Oh Jesús dispárame Cristo dispárame Mamma Mia Mamma Mia oh purísima y hermosa María dispárame. Acabemos. Acabemos. Acabemos. Oh Jesús hermosa María acabemos. Oh oh oh oh», y después, ahogándose: «Mamma Mamma Mia». Luego se quedó en silencio, mordiéndose el brazo, con el muñón de la pierna sacudiéndose.

—¡Porta feriti! —grité haciendo bocina con las manos—. ¡Porta feriti! Intenté acercarme a Passini para probar a ponerle un torniquete en las piernas, pero no pude moverme. Lo intenté de nuevo y las piernas se me movieron un poco. Pude arrastrarme hacia atrás ayudándome con los brazos y los codos. Passini ya estaba callado. Me senté a su lado, me desabotoné la guerrera e intenté desgarrar el faldón de la camisa. No cedía y mordí el borde de la tela para empezar. Entonces pensé en sus vendas de pierna. Yo llevaba medias de lana, pero Passini llevaba vendas. Todos los conductores llevaban vendas, pero Passini solo tenía una pierna. Desenrolle la venda y, mientras lo hacía, vi que no hacía falta intentar hacer un torniquete porque ya estaba muerto. Me cercioré de que estaba muerto. Había otros tres a los que localizar. Me incorporé del todo y, al hacerlo, algo dentro de mi cabeza se movió como los contrapesos en los ojos de una muñeca y me dio un golpe por dentro, detrás de los globos oculares. Sentí las piernas calientes y mojadas, y los zapatos estaban

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