encontramos dos buenos lugares a los que podíamos ir a comer. Catherine ya no podía caminar muy lejos y a mí me encantaba pasear con ella por los caminos del campo. Cuando hacía buen tiempo lo pasábamos de maravilla y nunca lo pasábamos mal. Sabíamos que el bebé estaba muy cerca ya y eso nos daba a ambos la sensación de que algo nos apresuraba y no podíamos perder ni un instante juntos.
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