misma manera y ciertas fechas y estos, junto con los nombres de los lugares, eran todo lo que se podía decir y hacer que significara algo. Las palabras abstractas como gloria, honor, valor o consagración resultaban obscenas al lado de los nombres concretos de los pueblos, los números de las carreteras, los nombres de los ríos, los números de los regimientos y las fechas. Gino era un patriota, así que decía cosas que a veces nos separaban, pero también era un buen muchacho y yo comprendía su condición de patriota. Había nacido siendo uno. Se marchó con Peduzzi en el coche para regresar a Gorizia.
Llovió a cántaros todo ese día. El viento empujaba la lluvia y por todas partes había charcos y barro. El revoque de las casas derruidas era gris y estaba húmedo. Al atardecer paró de llover y desde el puesto número dos vi el campo otoñal, pelado y húmedo, con nubes sobre las cumbres de las colinas y las esteras de paja que cubrían los caminos mojadas y goteando. El sol salió una vez antes de ocultarse y brilló sobre los bosques despojados más allá de la cresta. Había muchos cañones austriacos en los bosques de aquella cresta, pero solo unos pocos disparaban. Vi las súbitas nubecillas redondas de humo de metralla en el cielo sobre una casa de labranza destruida, cerca de donde estaba la línea; nubes suaves con un destello blanco amarillento en el centro. Se veía el destello, luego se oía el estampido y después se veía la bola de humo deformarse y disiparse en el viento. Había muchas bolas de hierro de metralla entre los escombros de las casas y en el camino junto a la casa destruida donde estaba el puesto, pero esa tarde no bombardearon cerca de este. Cargamos dos coches y bajamos por el camino cubierto de esteras mojadas, y los últimos rayos del sol sefiltraban entre los huecos de las tiras