inviolada. Hasta el Día en que Él diga Levantaos solo la plancha saldría flotando.
No es cuando te das cuenta de que nada puede ayudarte —la religión, el orgullo, lo que sea—, es cuando te das cuenta de que no necesitas ninguna ayuda.
- Dalton Ames.
- Dalton Ames.
- Dalton Ames.
Si hubiera podido ser su madre tendida con el cuerpo abierto alzado riendo, sosteniendo a su padre con la mano absteniéndome, viéndolo, mirándolo morir antes de vivir.
Un minuto ella estaba parada en la puerta
Me acerqué a la cómoda y cogí el reloj, con la esfera todavía boca abajo. Golpeé el cristal contra el rincón de la cómoda y recogí los fragmentos de cristal en la mano y los puse en el cenicero y le arranqué las manecillas y las puse en el cenicero.
El reloj siguió andando. Puse la esfera boca arriba, la esfera en blanco con ruedecitas haciendo clic y clic detrás, sin saber nada mejor. Jesús andando sobre Galilea y Washington sin decir mentiras.
El padre le trajo un dije de reloj de la Feria de San Luis a Jason: unos diminutos gemelos de ópera en los que uno miraba bizco con un solo ojo y veía un rascacielos, una rueda de la fortuna toda llena de telarañas, las cataratas del Niágara en la cabeza de un alfiler.
Había una mancha roja en la esfera. Cuando la vi me empezó a escocer el pulgar. Dejé el reloj y fui a la habitación de Shreve y traje el yodo y me pinté el corte. Limpié el resto del cristal del borde con la toalla.