vayas a alborotar a Benjy. Esta noche le pido veinticinco centavos a Frony y mañana por la noche puedes ir. Cállate la boca ya.
Entré en la sala de estar. No se oía nada desde el piso de arriba. Abrí el periódico.
Al rato entraron Ben y Luster. Ben fue hacia el sitio oscuro de la pared donde solía estar el espejo, frotándose las manos contra él, babeando y gimiendo. Luster empezó a atizar el fuego a golpes.
—¿Qué estás haciendo? —digo—. No necesitamos fuego esta noche.
—Intento mantenerlo callado —dice—. Siempre hace frío en Pascua —dice.
—Solo que esto no es Pascua —digo—. Déjalo en paz.