—Dilsey —dijo Caddy—, Benjy te tiene un regalo.
Se agachó y me puso la botella en la mano. —Extiéndela hacia Dilsey, ahora. —Caddy me estiró la mano y Dilsey cogió la botella.
—Pues vaya —dijo Dilsey—. Si mi niña no le ha regalado a Dilsey un frasco de perfume. Mira nada más, Roskus.
Caddy olía a árboles.
—A nosotros no nos gusta el perfume —dijo Caddy.
Olía a árboles.
—Ándale pues —dijo Dilsey—, ya estás muy grande para dormir con gente. Ya eres un muchacho grande. Trece años. Lo suficientemente grande para dormir solo en el cuarto del tío Maury —dijo Dilsey.
El tío Maury estaba enfermo. Tenía enfermo el ojo y la boca. Versh le subió la cena en una bandeja.
—Maury dice que va a pegarle un tiro al bribón —dijo papá.
—Le dije que más le valía no mencionárselo a Patterson de antemano.
Bebió.
—Jason —dijo mamá.
—¿A quién va a disparar, padre? —dijo Quentin—. ¿Por qué va a dispararle el tío Maury?
“Porque no aguantaba una bromita”, dijo el padre.
—Jason —dijo su madre—; cómo puedes. Te quedarías ahí mismo sentado viendo cómo acribillan a Maury en una emboscada, y te reirías.