bajé hasta la verja, por donde pasaban las chicas con sus carteras de libros. Me miraban, caminando rápido, con la cabeza girada. Intenté decir, pero siguieron adelante, y yo fui a lo largo de la cerca, intentando decir, y ellas iban más deprisa. Entonces corrían y llegué a la esquina de la cerca y no pude ir más lejos, y me agarré a la cerca, mirándolas alejarse e intentando decir.
—Tú, Benjy —dijo T. P.—. Qué andas haciendo, escapándote. No sabes que Dilsey te va a dar una paliza.
—No haces ningún bien, gimiendo y baboseando a través de la cerca —dijo T. P.—. Ya asustaste a esos muchachos. Míralos, caminando por el otro lado de la calle.
—Cómo salió, dijo el Padre. Dejaste la tranquera sin traba cuando entraste, Jason.