Al asomarnos por la esquina pudimos ver las luces que subían por la entrada de vehículos. T. P. volvió a la puerta del sótano y la abrió.
—Sabes lo que hay ahí abajo —dijo T. P.—. Agua de soda. Vi al señor Jason salir con las dos manos llenas. Espérate aquí un minuto.
T. P. fue a mirar por la puerta de la cocina. Dilsey dijo, A qué andas asomándote por aquí. Dónde está Benjy.
Él está aquí fuera, dijo T. P.
—Anda y vigílalo —dijo Dilsey—. Ahora tenlo fuera de la casa.
Sí señora, dijo T. P. ¿Ya empezaron?
Tú sigue manteniendo a ese muchacho fuera de la vista, dijo Dilsey. Tengo todo lo que puedo atender.
Una serpiente salió de debajo de la casa. Jason dijo que no le temían a las serpientes y Caddy dijo que él sí, pero que ella no, y Versh dijo que los dos le tenían miedo y Caddy dijo que se callaran, como decía el padre.
—No tenés para qué empezar a berrear ahora —dijo T. P.—. ¿Querés un poco de esta zarzaparrilla?
Me hacía cosquillas en la nariz y en los ojos.
—Si no te lo vas a tomar, déjame darle a mí —dijo T. P.
—Bueno, aquí está. Será mejor que consigamos otra botella mientras nadie nos molesta. Ahora quédate callado.
Nos detuvieron debajo del árbol, junto a la ventana de la sala. Versh me bajó a la hierba mojada. Hacía frío. Había luces en todas las ventanas.
—Ahí es donde está Damuddy —dijo Caddy—. Ahora se enferma todos los días. Cuando se ponga buena vamos a hacer un pícnic.