I cant cry I cant even cry one minute she was standing in the door the next minute he was pulling at her dress and bellowing his voice hammered back and forth between the walls in waves and she shrinking against the wall getting smaller and smaller with her white face her eyes like thumbs dug into it until he pushed her out of the room his voice hammering back and forth as though its own momentum would not let it stop as though there were no place for it in silence bellowing
Cuando abriste la puerta sonó una campanilla, pero una sola vez, aguda, clara y pequeña en la ordenada oscuridad sobre la puerta, como si estuviera medida y templada para emitir ese único sonido claro y pequeño para no desgastar la campanilla ni requerir el gasto de demasiado silencio al restaurarla cuando la puerta se abrió ante el reciente y cálido aroma a panadería; una niña pequeña y sucia con ojos como los de un oso de peluche y dos coletas decharol.
—Hola, hermana.
Su rostro era como una taza de leche manchada con café en la dulce y cálida vacuidad.
—¿Hay alguien aquí?
Pero ella se limitó a mirarme hasta que se abrió una puerta y vino la señora. Sobre el mostrador donde las hileras de formas crujientes tras el cristal su pulcro rostro gris el cabello terso y escaso de su pulcro cráneo gris, las gafas de pulcros marcos grises avanzando como algo sobre un alambre, como una caja registradora en una tienda. Parecía una bibliotecaria. Algo entre polvorientas estanterías de certidumbres ordenadas hacía tiempo divorciadas de la realidad,