Volvió a poner el toker en su sitio, sacó el cojín del sillón de mamá y se lo dio a Ben, y se agachó frente a la chimenea y se quedó en silencio.
Leí el periódico. No se había oído un solo ruido desde el piso de arriba cuando Dilsey entró y mandó a Ben y a Luster a la cocina y dijo que la cena estaba lista.
—Está bien —digo. Ella salió. Me quedé sentado ahí, leyendo el periódico. Al rato oí a Dilsey asomándose por la puerta.
—¿Por qué no te acercas a comer? —dice ella.
—Estoy esperando la cena —digo.
“Está en la mesa —dice—. Ya te lo dije.”
—¿De veras? —digo—. Perdone. No oí bajar a nadie.
—No van a venir —dice—. Ven a comer para que pueda llevarles algo.
—¿Están enfermos? —digo—. ¿Qué dijo el doctor que era? Viruela no, espero.
—Ven para acá, Jason —dice ella—, para que pueda terminar.
—Muy bien —digo, levantando el periódico de nuevo—. Ahora estoy esperando la cena.
Sentía que me miraba desde la puerta. Leí el periódico.
—¿Pa qué te pones así? —dice ella—. Cuando bien sabes la de lata que ya doy de por sí.
—Si mamá está peor que cuando bajó a cenar, bueno —digo—. Pero mientras yo compre comida para gente más joven que yo, tendrán que bajar a la mesa a comerla. Avísenme cuando esté lista la cena —digo, y vuelvo a leer el periódico.