y de forastero, y ni un alma a la vista a quien preguntarle siquiera para dónde quedaba el pueblo. Y ella queriendo que tomara aspirina. Le digo que cuando coma pan lo haré en la mesa. Le digo que siempre estás hablando de lo mucho que te sacrificas por nosotros cuando podrías comprarte diez vestidos nuevos al año con el dinero que gastas en esas malditas medicinas de patente. No es algo para curarlo lo que necesito, es simplemente una oportunidad justa para no tener que tomarlas, pero mientras tenga que trabajar diez horas al día para mantener una cocina llena de negros al estilo al que están acostumbrados y mandarlos a la función con todos los demás negros del condado, solo que él ya iba tarde. Para cuando llegara ya habría acabado.
Al cabo de un rato llegó al coche y cuando por fin le metí en la cabeza si dos personas en un Ford lo habían pasado, dijo que sí. Así que seguí, y al llegar donde se desviaba el camino de herradura pude ver las marcas de los neumáticos. Ab Russell estaba en su corral, pero no me molesté en preguntarle y apenas había perdido de vista su granero cuando vi el Ford.
Habían intentado esconderlo. Lo hicieron más o menos tan bien como ella hacía todo lo demás. Como digo, no es eso a lo que tanto me opongo; tal vez ella no pueda evitarlo, es porque ni siquiera tiene la consideración suficiente hacia su propia familia como para tener algo de discreción. Todo el tiempo tengo miedo de tropezar con ellos en plena calle o debajo de un carro en la plaza, como un par de perros.
Aparqué y bajé. Y ahora tendría que dar un rodeo enorme y cruzar un campo arado, el único que había visto desde que salí del pueblo, con cada paso sintiendo como si alguien fuera caminando detrás de mí, dándome en la cabeza con un garrote. No hacía más pensar que, cuando cruzara el campo, al menos tendría algo llano por donde caminar, que no me sacudiera a cada paso, pero