Codal
nydus/The Sound and the FuryPublic
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Seis de abril de 1928

preguntándome más o menos si de verdad había visto un ford siquiera, y ni siquiera me importaba mucho si lo había visto o no. Como quien dice, que se quede por ahí tirada todo el día y toda la noche con todo lo que lleva pantalones en este pueblo, qué me importa a mí. Yo no le debo nada a nadie que tenga tan poca consideración conmigo, que no le importaría un bledo plantar ese ford ahí y hacerme pasar toda la tarde y que Earl la lleve de vuelta y le enseñe los libros solo porque es demasiado jodidamente virtuoso para este mundo. Le digo que lo vas a pasar de puta madre en el cielo, sin los asuntos de nadie en los que meter las narices solo que no se te ocurra dejar que te pille en eso le digo, yo me hago la vista gorda por tu abuela, pero con que te pille haciéndolo una sola vez en este sitio, donde vive mi madre. Estos mocosos de pelo engominado de mierda, creyéndose que están armando la de Dios, ya les voy a enseñar yo lo que es la de Dios le digo, y a ti también. Le voy a hacer creer que esa maldita corbata roja es la aldaba del infierno, si se piensa que puede corretear por el monte con mi sobrina.

Con el sol y todo en los ojos y la sangre latiéndome de tal modo que seguía pensando cada vez que se me iba a reventar la cabeza y acabar de una vez, con zarzas y cosas agarrándome, entonces llegué a la zanja de arena donde habían estado y reconocí el árbol donde estaba el coche, y justo cuando salí de la zanja y eché a correr oí que el coche arrancaba.

Se alejó a toda velocidad, tocando la bocina. Siguieron tocándola, como si dijera Ja. Ja. Jaaaaaaah, mientras desaparecía de vista. Llegué a la carretera justo a tiempo de verlo desaparecer de vista.

Para cuando llegué a donde estaba mi carro, ya habían desaparecido por completo, con la bocina todavía sonando.

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