“Caddy.” Charlie whispered, loud. We went on. “You better come back. Are you coming back.”
Caddy and I were running. “Caddy.” Charlie said. We ran out into the moonlight, toward the kitchen.
“Caddy”. Dijo Charlie.
Caddy y yo corrimos. Subimos corriendo los escalones de la cocina, al porche, y Caddy se arrodilló en la oscuridad y me abrazó. Pude oírla y sentir su pecho.
—No lo haré —dijo—. No volveré a hacerlo, nunca. Benjy. Benjy.
Entonces ella estaba llorando, y yo lloré, y nos abrazamos.
—Calla —dijo—. Calla. Ya no lo haré más.
Así que me callé y Caddy se levantó y entramos a la cocina y encendimos la luz y Caddy tomó el jabón de la cocina y se lavó la boca en el fregadero, con fuerza. Caddy olía a árboles.
—Te lo advertí varias veces, que te mantuvieras alejado de ahí —dijo Luster.
Se enderezaron de un salto en el columpio. Quentin tenía las manos en el pelo. Él llevaba una corbata roja.
—Viejo lunático de atar —dijo Quentin—. Voy a decirle a Dilsey cómo dejas que me siga a todas partes a donde voy. Voy a hacer que te dé una buena paliza.
—No pude detenerlo —dijo Luster—. Ven acá, Benjy.
“Sí que podías”, dijo Quentin. “No lo intentaste. Los dos me estabas vigilando. ¿Los mandó a todos la abuela para que me espiaran?”.