Cuando dejas una hoja en agua por mucho tiempo, al cabo de un rato el tejido desaparece y quedan las delicadas fibras meciéndose lentas como el movimiento del sueño. No se tocan las unas a las otras, por más enredadas que alguna vez hayan estado, por más cerca que hayan yacido alguna vez de los huesos. Y tal vez cuando Él diga Levántate los ojos vendrán flotando hacia arriba también, desde la profunda quietud y el sueño, para contemplar la gloria. Y al cabo de un rato las planchas vendrían flotando hacia arriba. Las escondí bajo el extremo del puente y regresé y me apoyé en la baranda.
No podía ver el fondo, pero alcancé a ver una buena distancia en el movimiento del agua antes de que la vista me fallara, y entonces vi una sombra suspendida como una flecha gruesa que hacía contrapunto contra la corriente.
Las efímeras rozaban de entrada y salida la sombra del puente justo por encima de la superficie. Ojalá hubiera un infierno más allá de eso: la llama pura los dos de nosotros más que muertos. Entonces solo me tendrás a mí entonces solo me tendrás a mí entonces los dos nosotros en medio del señalamiento y el horror más allá de la llama pura
La flecha creció sin moverse, luego en un remolino rápido la trucha se prendió de una mosca bajo la superficie con esa clase de delicadeza gigantesca de un elefante que recoge un maní. El vórtice que se desvanecía se alejó río abajo y entonces volví a ver la flecha, con el hocico hacia la corriente, oscilando con delicadeza al compás del movimiento del agua sobre la cual las efímeras se inclinaban y se detenían.
Solo tú y yo entonces en medio del señalamiento y el horror amurallados por la llama pura
La trucha pendía, delicada e inmóvil entre las sombras oscilantes.