Sacó a Luster del rincón a tirones, sacudiéndolo. > “No lo estaba molestando nada, ¿verdad? Espérate nomás a que tu taita vuelva a la casa. Ojalá fuera joven como antes, te arrancaba esas orejas de la cabeza. Lo que es yo, bien que me dan ganas de encerrarte en ese sótano y no dejarte ir a esa función esta noche, eso sí que
—Ay, mamita —dijo Luster—. Ay, mamita.
Extendí la mano hacia donde había estado el fuego.
—Agárralo —dijo Dilsey—. Vuelve a agarrarlo.
Mi mano dio un tirón hacia atrás y me la metí en la boca y Dilsey me atrapó.
Todavía podía oír el reloj entre mi voz.
Dilsey echó la mano hacia atrás y le pegó a Luster en la cabeza.
Mi voz se ponía fuerte cada vez.
—Consigue esa sosa —dijo Dilsey.
Ella me sacó la mano de la boca. Mi voz se puso más fuerte entonces y mi mano trató de volver a la boca, pero Dilsey la detuvo. Mi voz se puso fuerte. Ella roció sosa en mi mano.
“Busca en la despensa y arranca un trozo de ese trapo que cuelga del clavo —dijo—. Sh, ahora. No querrás volver a poner enferma a tu mamá, ¿verdad? Toma, mira el fuego. Dilsey va a hacer que te deje de doler la mano en un minuto. Mira el fuego”.
Abrió la puerta de la estufa. Miré el fuego, pero mi mano no paró y yo no paré. Mi mano intentaba irse a la boca, pero Dilsey la sujeta.