Ella no dijo nada. Caminaba a mi lado, más o menos bajo mi codo, comiendo. Seguimos adelante. Estaba tranquilo, casi no había nadie por ahí impregnándose del olor a madresselva todo mezclado > Me habría dicho que no me dejara sentarme allí en los escalones oyendo su puerta cerrarse de golpe al atardecer oyendo a Benjy llorar todavía la cena ella tendría que bajar entonces mezclándose toda la madresselva Llegamos a la
—Bueno, yo tengo que ir por este lado —dije—. Adiós.
Ella se detuvo también. Tragó el último pedazo de pastel y luego empezó con el bollo, mirándome por encima de él.
—Adiós —dije.
Dobló hacia la calle y seguí, pero caminé hasta la siguiente esquina antes de detenerrme.
—¿Por dónde vives? —dije—. ¿Por aquí? —señalé calle abajo. Ella solo me miró.
—¿Vives hacia ese lado? Apuesto a que vives cerca de la estación, donde están los trenes. ¿A que sí?
Ella solo me miró, serena, enigmática y masticando. La calle estaba desierta en ambas direcciones, con céspedes tranquilos y casas ordenadas entre los árboles, pero no habí nadie en absoluto excepto allá atrás.
Dimos la vuelta y regresamos. Dos hombres estaban sentados en sillas frente a una tienda.
—¿Conocen todos a esta pequeña? Se apegó a mí y no encuentro dónde vive.