—Guarda silencio —dijo Frony—, calla, te lo digo.
—Cállate —dijo Frony—. Lo que necesitas es una buena tunda, eso es lo que necesitas. —Alzó a Luster y a Quentin—. Vámonos de aquí —dijo.
Fuimos al granero. T. P. estaba ordeñando la vaca. Roskus estaba sentado en el cajón.
—¿Qué le pasa ahora? —dijo Roskus.
—Tienes que tenerlo aquí abajo —dijo Frony—. Está peleándose otra vez con estos niños. Quitándoles sus juguetes. Quédate aquí con T. P. ahora, y a ver si puedes callarlo un rato.
—Límpiate bien esa ubre ahora —dijo Roskus—. Le secaste la ubre a esa vaquillona el invierno pasado. Si le secas la ubre a esta, ya no va a haber más leche.
Dilsey cantaba.
—Por ahí no —dijo T. P.—. ¿No sabes que mami dice que no puedes andar por ahí?
Estaban cantando.
—Vamos —dijo T. P.—.
—Vamos a jugar con Quentin y Luster. Vamos.
Quentin y Luster jugaban en la tierra frente a la casa de T. P. Había un fuego en la casa, que subía y bajaba, con Roskus recortado en negro contra él.
“Ya van tres, gracias a Dios”, dijo Roskus.