quietud, y muy pronto la cabeza se me aligeró un poco. Ahora podía oírles cantar, y luego la banda volvió a tocar. Bueno, que se lleven cada cuarto y cada diez centavos del condado; a mí plin.
He hecho lo que he podido; un hombre que puede vivir tanto como yo y no sabe cuándo retirarse es un imbécil. Especialmente porque no es asunto mío.
Si fuera mi propia hija ahora sería diferente, porque no tendría tiempo para eso; tendría que trabajar un poco para alimentar a unos cuantos inválidos e idiotas y negros, porque cómo iba a tener la desvergüenza de traer a alguien ahí. Tengo demasiado respeto por los demás como para hacer eso.
Soy un hombre, puedo aguantarlo, es mi propia carne y sangre y me gustaría verle el color de los ojos al hombre que se atreviera a hablar con falta de respeto de cualquier mujer que fuera mi amiga son estas malditas mujeres de bien las que lo hacen me gustaría ver a la mujer de bien, devota de la iglesia, que sea la mitad de honrada que Lorraine, puta o no puta.
Como digo, si yo fuera a casarme, te pondrías hecha un globo y bien que lo sabes, y ella dice quiero que seas feliz, que tengas una familia propia, no que te dejes la vida esclavizado por nosotros. Pero pronto me habré ido y entonces podrás buscarte una esposa, aunque jamás encontrarás a una mujer que sea digna de ti, y yo le digo que sí, que podría. Saldrías pitando de la tumba, bien sabes que sí. Yo le digo no, gracias, ya tengo a todas las mujeres que puedo atender y si me casara con una esposa probablemente saldría aficionada a los hoplitos o algo así. Eso es lo único que nos falta en esta familia, le digo.
El sol ya se había puesto detrás de la iglesia metodista, y las palomas volaban de un lado a otro alrededor del campanitorio, y cuando la música