Codal
nydus/The Sound and the FuryPublic
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Ocho de abril de 1928

Durante un instante Ben se quedó en un hiato absoluto. Luego bramó. Bramido tras bramido, su voz fue subiendo, casi sin intervalos para respirar. Había algo más que asombro en ella; era horror; conmoción; agonía ciega, sin lengua; puro sonido, y los ojos de Luster poniéndose en blanco por un instante pálido.

«Gran Dios —dijo—, ¡chitón! ¡Chitón! ¡Gran Dios!».

Dio otra vuelta y golpeó a Queenie con la vara. Se rompió, la arrojó lejos y, con la voz de Ben elevándose hacia su increíble crescendo, Luster agarró el extremo de las riendas y se inclinó hacia delante mientras Jason saltaba cruzando la plaza y subía al estribo.

Con un revés la mandó a Luster a un lado y atrapó las riendas y forcejeó con Queenie y dio vuelta a las riendas y la azotó en las ancas.

La golpeó otra vez y otra, hasta ponerla en un galope tendido, mientras la ronca agonía de Ben rugía a su alrededor, y la hizo virar a la derecha del monumento.

Luego le dio un golpe a Luster en la cabeza con el puño.

—¿Es que no sabes hacerlo mejor que llevarlo hacia la izquierda? —dijo.

Extendió la mano hacia atrás y golpeó a Ben, rompiendo de nuevo el tallo de la flor.

—¡Cállate! —dijo—. ¡Cállate!

Tiró de Queenie hacia atrás y saltó al suelo.

—Vete derecho a casa con él. ¡Si vuelves a cruzar esa puerta con él, te mato!

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