Codal
nydus/The Sound and the FuryPublic
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Seis de abril de 1928

algo por tu propio bien, apaga y vámonos. Me alegro de no tener el tipo de conciencia que tengo que cuidar como a un cachorro enfermo todo el tiempo.

Si alguna vez fuera yo tan cuidadoso con algo como lo es él para cuidar que su miserable negociucho no le dé más del ocho por ciento.

Supongo que cree que le aplicarían la ley de usura si obtuviera una ganancia neta mayor al ocho por ciento.

Qué diablos de oportunidad puede tener un hombre, atado a un pueblo como este y a un negocio así.

Vaya, yo podría agarrar su negocio en un año y arreglárselo para que nunca tuviera que volver a trabajar, solo que se lo regalaría todo a la iglesia o a alguna tontería de esas.

Si hay algo que me saca de quicio, es un maldito hipócrita.

Un hombre que cree que todo lo que no comprende a la perfección tiene que ser turbio y que a la primera oportunidad que se le presenta está moralmente obligado a ir a decirle a un tercero lo que no le importa en absoluto.

Como quien dice, si yo pensara que cada vez que un hombre hace algo que yo no termino de entender tiene que ser un bribón, supongo que no tendría ningún problema en encontrar algo por allá atrás en esos libros de contabilidad para lo que ustedes no le verían ninguna utilidad en ir corriendo a contárselo a alguien que pensaran que debía saberlo, cuando por lo que yo sabía tal vez ya supieran muchísimo más del asunto que yo y, si no era así, de todos modos a mí me importaba un bledo, y él dice: «Mis libros están abiertos para cualquiera. Cualquiera que tenga algún derecho o crea que tiene algún derecho sobre este negocio puede ir allá atrás con toda confianza».

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